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El auto se detuvo frente a la majestuosa mansión Carbone. Las luces de la entrada principal brillaban cálidas en medio de la oscuridad de la noche, y los guardias custodiaban el portón con la rigidez de siempre. Matteo bajó del coche con paso decidido, aunque por dentro se sentía como una tormenta contenida. Tenía el corazón desbocado y las manos sudorosas. No sabía qué iba a decir. Solo sabía que tenía que verlo.

Se acercó a uno de los guardias que custodiaban la entrada, un hombre alto, de m
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Lunacuando continua .... please
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