La mansión estaba en completo silencio. La mayoría de los empleados dormía, y Matteo ya llevaba horas en su habitación, abrazado a su peluche favorito. Isabella, sin embargo, no conciliaba el sueño. Llevaba semanas con una sospecha creciente que se anidaba como una espina en el pecho. Alessandro estaba distante, esquivo, y Enzo… siempre rondaba cerca.
Aquella noche, ya entrada la madrugada, Isabella salió de su habitación con paso sigiloso, envuelta en una bata de seda negra. Caminó por los pas