VIOLA
Cuando abrí los ojos, el mundo todavía se veía medio borroso. Pero enseguida me sorprendió ver un paraguas volando sobre mi cabeza. A mi lado, Lucas estaba sentado relajado, con su mirada tranquila de siempre.
—¿Cansada de escribir, señora Viola? —bromeó Lucas.
Me había quedado dormida. En la hamaca del jardín. Estaba pintando allí. Pero cuando el viento acarició suavemente mi rostro, me sentí cómoda y finalmente me quedé dormida.
—Lucas... ¿qué estás haciendo? ¿Por qué has puesto un para