VIOLA
La sombra llegó antes de medianoche.
No era el ruido de un coche.
No eran pasos.
Solo... una sensación.
Una sensación que me invadió hace años cada vez que Kael volvía a casa enfadado. Una sensación como si el aire se tensara, como si la habitación estuviera envuelta en algo invisible.
Me quedé de pie junto a la ventana, mirando el pequeño jardín exterior. Silencio. No había nada. Pero mi cuerpo lo sabía.
—¿Estás segura de que vendrá esta noche? —preguntó Nadia desde atrás.
Me giré. Su ro