VIOLA
Unos segundos después de que se cerrara la puerta, la casa volvió a quedar en silencio.
Pero este silencio era diferente al que me había puesto los pelos de punta en el pasado.
Era el silencio que sigue a la primera tormenta, un silencio lleno de respiración contenida, de adrenalina, de la conciencia de que la noche aún no había terminado.
Lucas se acercó. «¿Estás segura de que estás bien?».
Asentí con la cabeza, aunque sentía un nudo en la garganta. «Mejor que en los últimos cinco años».