El reservado VIP del Purgatorio era un espacio diseñado para el exceso clandestino. Las paredes estaban forradas con un tapiz oscuro que absorbía el sonido del exterior, reduciendo el estruendo de la música electrónica del primer piso a una vibración rítmica y pesada que subía por las suelas de los zapatos. La iluminación, un resplandor escarlata que provenía de lámparas ocultas tras la barra de cristal, bañaba los sillones de piel negra y le daba a la habitación un aire asfixiante, íntimo y pe