El tercer vaso de mezcal añejo logró lo que las palabras no habían podido: asentar una tregua temporal en el reservado del Purgatorio. La risa genuina de Elena había actuado como un bálsamo inesperado, fracturando la coraza de Dimitrios Korpis y permitiendo que la dinámica en la habitación fluyera con una normalidad casi desconcertante. Por unos minutos, dejaron de ser el magnate implacable, la curadora rebelde, el abogado calculador y el barman de barrio. Eran, simplemente, cuatro perso