El aire helado del callejón trasero cortaba la respiración, pero para Dimitrios Korpis no era suficiente para apagar el incendio que las palabras de su amigo habían provocado. Se quedó inmóvil, apoyado contra la pared de ladrillo sucio, escuchando el eco de la advertencia de Theo desvanecerse en el ruido distante del tráfico de Manhattan.
«Prefieres destruir su vida antes de admitir que una mujer por fin te puso de rodillas».
La acusación le había perforado el p