—Damián… no me gustan estas cosas… —murmuró Arabella, aferrándose a su brazo mientras avanzaban.
Llevaba un vestido de gala plateado, entallado, que delineaba su figura con elegancia, algo muy distinto a su estilo habitual. A su lado, Damián lucía impecable con un traje hecho a la medida, el cabello arreglado y esa seguridad tranquila que lo hacía ver aún más atractivo.
Él la miró de reojo y sonrió con dulzura.
—Vamos, mi pequeña fantasmita… Mimi está de luna de miel, que estoy seguro que me tr