Después de una mañana de reconciliación, Miguel llevaba una bandeja de desayuno a la cama. Miriam estaba acostada usando su camisa.
—¿Te han dicho lo sexy que te ves con mi camisa aunque te llegue a los pies?
—Es que eres muy alto…
—Y tú eres muy chiquitita.
Miguel sonrió y dejó la bandeja frente a ella.
—Ahora tomemos desayuno, mi osita cariñosita. Me encantó tu pijama de osita… lo llevaremos a la playa.
—No seas molesto, ese pijama jamás debiste verlo.
—¿Por qué? Te veías dulce con esas oreji