La casa dormía. Patrick respiraba profundamente a su lado, confiado, seguro, como si supiera que nada podía romper su control.
Amelia abrió los ojos cuando el reloj marcó la medianoche.
Había dejado un bolso pequeño escondido detrás del sofá del salón con lo esencial: documentos, ropa cómoda, lo justo para huir.
Se incorporó sin hacer ruido, conteniendo la respiración cuando Patrick se movió apenas. Amelia se congeló pero al final, Patrick no despertó.
Bajó las escaleras despacio, una mano en e