Los días siguientes fueron un infierno.
La relación con Patrick dejó de ser una mentira agradable y se convirtió en un campo minado, cada palabra era una acusación, cada mirada, un arma, cada minuto, una tortura.
Amelia apenas dormía, apenas comía, y apenas podía respirar sin sentir que se asfixiaba dentro de esa casa.
Patrick, en cambio, se volvió más controlador… más impredecible… más violento.
Y llegó el día en que Amelia ya no pudo callar.
La discusión comenzó en su despacho, Patrick revisa