Arion
El ruido altera la quietud del palacio, lo que me irrita. Me masajeo las sienes con los dedos y suelto un resoplido de cansancio; entonces decido ir a inspeccionar.
Es de madrugada y no he dormido, pues me quedé en mi estudio revisando los últimos reportes.
Ese Lionai es muy escurridizo. Todavía no damos con él ni con su cómplice, como tampoco hemos tenido noticias del alfa Killiam.
Y ya no sé cómo retener a Lara. Estoy seguro de que ellos lo tienen y de que están a la espera de un movimiento de Lara; por eso debo hacer hasta lo imposible por protegerla, pero no tengo idea de cómo.
—Y no debo dormirla de nuevo, porque eso podría dañarla —mascullo, estresado.
Salgo con la intención de reprender a los imprudentes o descuidados, pero noto que todo ese escándalo se debe a la alarma.
Los músculos se me ponen rígidos y mi cerebro empieza a maquinar de forma veloz.
Suelto un suspiro y me tomo un momento para sopesar la situación. Entonces observo el panorama con detenimiento.
Algunos