Killiam
Escuché la voz de Lara, distante, dulce, melodiosa, y eso me llenó de vida. Estaba a punto de cruzar el umbral que me separa de la vida y la muerte, a unos pocos pasos de entrar en la oscuridad eterna. Sin embargo, ella me detuvo y me trajo de vuelta.
Entonces la pude ver.
Sus ojos estaban enrojecidos, sus mejillas empapadas de lágrimas y la debilidad marcada en su rostro. Me sentí tan culpable. Al instante supe lo que estaba haciendo.
¿Cómo pude saberlo? Ni idea, pero de algún modo lo entendí. Tal vez mi lobo ya lo sentía. Ella me estaba sanando. Pero eso podía hacerle daño a ella y a nuestro cachorro. Después de todo, mi veneno es muy fuerte. Además, no lo merezco.
Escuché su voz animándome. Sentí el roce de su mano. Pero me desvanecí en mi propia debilidad. Y ahora… ahora todo es oscuro. No hay sentido, no hay sabor, no hay olor, no hay nada.
De repente, veo una luz. Aquel resplandor me succiona y me dejo llevar. No lucho, sino que me rindo hasta que siento que me desprendo