La fachada de Leticia Fernández era impecable: vestidos de diseñador, discursos emotivos, galardones en fundaciones benéficas, fotografías abrazando niños en aldeas olvidadas. Pero detrás de cada sonrisa, se escondía el horror más meticuloso: tráfico de armas, desapariciones y lavado de dinero disfrazado de ayuda humanitaria.
—Lo tenemos todo —dijo Sebastián, mostrando un mapa en la pantalla—. Rutas marítimas, cuentas bancarias, registros de embarque, y lo más importante: el testimonio de un ex