El sol apenas comenzaba a colarse entre las cortinas desgastadas del apartamento. Valentina llevaba horas sin parpadear demasiado, concentrada en la pantalla, conectando fechas, nombres y documentos. El aire estaba cargado, no de miedo, sino de urgencia. De esa adrenalina que te mantiene viva aunque el cuerpo grite por descanso.
Sebastián se puso una chaqueta negra, sencilla, con un bolsillo interno donde ocultaba su arma.
—Voy a encontrar a Carolina y a David. Son los únicos periodistas que pu