Tomás había salido al amanecer. Sin dar demasiadas explicaciones, solo dijo que tenía que mover algunos hilos, contactar a una vieja aliada de Isabel, y que volvería antes del anochecer.
Valentina, por primera vez en días, se quedó sola en aquel apartamento temporal. O casi sola.
El timbre sonó a media mañana. No era un mensaje, ni una llamada. Era él. Sebastián.
Estaba de pie, apoyado contra el marco de la puerta con una camisa negra arremangada, los primeros botones desabrochados, y ese aire