El contacto llegó puntual.
Cabello blanco, abrigo largo, una carpeta sellada bajo el brazo.
Valentina lo recibió en un café oscuro, lejos del bullicio.
Sin cámaras. Sin nombres.
—¿Qué sabes? —preguntó ella.
—Tu madre no se esconde —respondió el hombre, sin rodeos—.
Gobierna.
Deslizó la carpeta hacia ella.
Valentina la abrió lentamente.
Dentro, documentos con sellos de inteligencia, recortes de prensa censurados, fotografías tomadas desde techos, ventanas, drones.
En todas, una mujer de mirada i