Sebastián estaba en su oficina, revisando cifras, contratos, correos…
Intentando fingir normalidad.
Intentando, sobre todo, dejar de pensar en Valentina.
Pero el timbre de su celular lo sacó de todo.
Número desconocido.
Pero no anónimo.
Porque ese tipo de números… solo significaban una cosa: poder.
—¿Sebastián Reyes? —dijo una voz grave, elegante, sin acento definido. Fría como una bala envuelta en terciopelo.
Él reconoció al instante quién era.
—Señor Duarte.
Silencio.
—Pensé que no le interes