El mundo alrededor seguía girando: juntas, movimientos financieros, rumores de fusiones.
Todo parecía normal.
Pero Sebastián sabía que ya no lo era.
Desde aquella llamada, desde aquella amenaza camuflada en voz elegante, nada dentro de él estaba en calma.
Sabía lo que implicaba desobedecer al padre de Valentina.
Lo sabía mejor que nadie.
Duarte no usaba la violencia directa.
Usaba el poder.
Los silencios.
La pérdida lenta e irreversible de todo lo que creías tener asegurado.
Y aún así…
Sebastiá