El amanecer en Bogotá llegó sin amanecer.
La ciudad seguía a oscuras, los semáforos apagados, los buses inmóviles en medio de avenidas colapsadas. El frío se sentía más pesado de lo normal. Y en medio de ese silencio raro, los rumores corrían más rápido que la luz.
En la sala de operaciones improvisada en Chapinero, Valentina recorría el lugar con pasos cortos y firmes. El café en su mano ya estaba frío, pero no tenía tiempo para cambiarlo. Frente a ella, en la pantalla principal, un mapa digit