Bogotá amaneció cubierta de una inquietud densa, casi eléctrica. A las 6:47 a.m., cuando el tráfico aún no colapsaba y los noticieros apenas desperezaban sus primeras noticias del día, una alerta iluminó las pantallas de celulares, tablets y computadores:
“Filtración exclusiva: las reuniones secretas del poder”.
El enlace redirigía a una plataforma anónima, encriptada, con el logo de una serpiente rodeando una balanza. El primer video mostraba una reunión en una sala privada de un exclusivo clu