El cielo de Bogotá anunciaba tormenta, aunque no llovía. Era una de esas noches que pesan en el aire, en el pecho, en los huesos. Las noticias seguían enloquecidas con la filtración. El caso Duarte tenía nuevo nombre: **"El Estado Profundo"**. Y Valentina lo sabía: Isabel no se quedaría quieta.
Tomás lo dijo en voz baja, con el tono grave de quien intuye el peligro:
—Ella no se va a dejar hundir. Está acorralada… y las serpientes atacan justo ahí.
Valentina asintió. Su intuición vibraba. Algo o