El senador Orjuela llevaba tres noches sin dormir.
Había cerrado todas las cortinas de su apartamento en Rosales. Desconectó el teléfono fijo, apagó su celular y obligó a su esposa a irse con los niños a la finca, “por seguridad”. Ni siquiera encendía la televisión. Ya no necesitaba ver las noticias para saber que su nombre era una bomba de tiempo.
La filtración lo había puesto en el mapa. No por lo que decían… sino por lo que no decían. En el organigrama filtrado, su nombre aparecía sin tachar