La ciudad había despertado distinta.
No por el ruido de las ambulancias, ni por las sirenas políticas, ni por los titulares. Despertó… porque la gente lo hizo primero.
Desde las primeras horas de la mañana, calles enteras comenzaron a llenarse. No había banderas. No había líderes. Solo una frase escrita en carteles improvisados, pintada en murales, tatuada en los ojos de miles:
“Que arda la verdad.”
No fue organizada por Valentina. No fue promovida por Tomás ni por Sebastián. No fue una estrate