El mundo no es justo. Mi mente, un segundo antes, se movía a una velocidad vertiginosa, calculando la distancia entre Dumas y yo, el volumen de la voz de Fabiana, el peso de mi furia. Un segundo después, se detuvo por completo. La rabia que me había dado la fuerza para alejarme del drama con una dignidad que no sentía se congeló en el aire, reemplazada por una incredulidad total. Lucas estaba allí, de pie en la entrada del backstage, como un fantasma de mi pasado que se negaba a quedarse en la