El sol de la mañana se colaba por las ventanas de la sala de espera de la clínica privada San Giovanni de Milán, iluminando las motas de polvo que flotaban en el aire estancado. Ilein permanecía sentada en el mismo sillón de cuero oscuro desde hacía tres días seguidos; dormía apenas ratos cortos cuando el agotamiento la vencía, pero nunca se alejaba de la zona donde se encontraba la unidad de cuidados intensivos.
Había llegado al centro médico junto a Paul en la madrugada un dia después del ata