Máximo llegó corriendo a su apartamento en el distrito de Brera, en Milán, cerrando la puerta con un estruendo que hizo temblar los cristales. Sus heridas aún sangraban ligeramente y el sabor a hierro llenaba su boca. Sin detenerse a quitarse el traje arruinado, se dirigió al bar del salón y sacó una botella de whisky escocés, vertiendo el licor directamente en un vaso.
Mientras bebía a grandes sorbos, cogió su teléfono y marcó el número de Tony —su mano derecha y miembro más antiguo del Clan