El silencio que cayó sobre la mansión Moretti después de la llamada de Savatore fue más pesado que cualquier llanto. Victorino sostenía el teléfono en sus manos, sus dedos temblando ligeramente, mientras las palabras de su hombre resonaban en su cabeza: “ encontramos un cuerpo calcinado todo parece indicar que es de Ilein. Creemos que ha muerto.”
Joana se colocó una mano sobre su hombro, pero no encontró palabras para consolarlo. Junto a ella, Isabella —cuñada de Máximo— ajustaba los cables d