La lluvia había cesado, dejando en las calles de Milán charcos que reflejaban la luz de los faroles como pequeños espejos de la oscuridad. Ilein había terminado de arreglarse y solo esperaba a que llegara el momento; se había puesto un vestido muy sensual y ropa interior de encaje negro, y sin dejar rastro para nadie, apagó su celular, salió de su edificio y allí estaba Louis esperando para llevarla hacia el lugar que su corazón conocía demasiado bien: el penthouse de Máximo.
Sabía que estaba