El aire en el penthouse de Máximo estaba impregnado de un aroma a trufa y vino tinto. Las luces tenues creaban un ambiente íntimo, mientras los invitados reían y charlaban, ajenos a la tensión que se cernía sobre Ilein. Ella se sentó en una esquina, con su vestido blanco que brillaba bajo la luz, pero su mente estaba lejos de la celebración. La risa de sus amigos resonaba, pero cada carcajada la hacía sentir más aislada. Cuando Javier, un amigo de Máximo, la miró con desdén, Ilein sintió un esc