Ilein pasaba la mañana en su apartamento, intentando secar los documentos del proyecto de la seda con un secador de pelo de baja potencia. La tubería que se había roto la noche anterior había dañado buena parte de los archivos físicos, pero gracias a que siempre hacía copias digitales, no había perdido todo. Aun así, el tiempo que tardaría en reorganizarlo todo era un golpe para su cronograma.
Tan solo dos días después, recibió una llamada del proveedor de telas: “Señorita Valentino, lamentamos