Luca Bianchi llevaba años cargando con una máscara que no era más que un reflejo de lo que su familia y la sociedad esperaban de él: el heredero ejemplar, el joven prometedor del mundo empresarial, el hombre que seguiría los pasos marcados por generaciones de su linaje. Cada sonrisa, cada palabra, cada decisión habían sido calibradas para mantener una imagen impecable, ocultando no solo su verdadera identidad como homosexual, sino también sus propios valores y sueños que no encajaban con el pla