Mientras Ilein dormía aún en su apartamento de Milán, junto a Maximo, la mañana del gran día del Proyecto de la Seda comenzaba a despuntar con un cielo claro y azul. Los primeros rayos de sol se colaban por las cortinas de lino, iluminando el dormitorio con un brillo suave. Ajeno a los planes de su hermano Maximo, Salvatore Moretti se levantó temprano, a las seis en punto, después de haber revisado por tercera vez los detalles de la jornada en su teléfono. Se vistió con un traje oscuro de lana