Después del desfile del Proyecto de la Seda, el Teatro alla Scala se transformó en un escenario de celebración. La iluminación cálida y dorada bañaba las paredes de mármol y los cortinajes de terciopelo rojo, mientras la música de fondo se mezclaba con risas y brindis. Invitados de todo el mundo circulaban entre mesas adornadas con copas de cristal y bandejas de aperitivos exquisitos, todos unánimes en elogiar el despliegue de tejidos que había cautivado a la industria de la moda.
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