El motor del coche blindado rugió bajo el capó mientras recorría las carreteras francesas, cruzando campos verdes que se extendían hasta donde alcanzaba la vista. Máximo mantenía la mirada fija en el camino, aunque su mente estaba miles de kilómetros atrás —en el instante en que imaginaba la explosión, en el grito ahogado de Julliano cuando Susy le contó que su mamá no volvería, en cada una de las pistas falsas que habían hecho perder semanas de búsqueda. A su lado, Tony mantenía la guardia, s