La mañana después del enfrentamiento en el restaurante, el sol de Milán se alzaba con fuerza sobre el horizonte, pero en el corazón de la ciudad, la oscuridad aún reinaba. Máximo Moretti despertó en su mansión, con la cabeza ronca y el recuerdo de cada palabra que había intercambiado con Toni sobre Ilein aún fresca en su mente. El eco de su risa burlona resonaba en su cabeza, mezclándose con la imagen de Ilein, su vestido de seda negra brillando con la luz tenue del restaurante. Era un contrast