El día que Luca debía volver a Lyon, el cielo de Milán estaba cubierto de nubes grises. Jean Pierre esperaba en el coche mientras él abrazaba a Ilein y a Julliano en la entrada del hotel:
—Tendré que estar fuera al menos tres meses —dijo, acariciándole la cabeza al niño—. Tienes mucho trabajo con la colaboración, y Jean Pierre y yo tenemos que resolver algunos asuntos con los artesanos del sur de Francia. Pero prometo volver a buscarte cuando termine todo.
—Cuídate mucho —respondió Ilein, sint