El sol se había ocultado sobre Milán hacía horas, y la noche se perfilaba fría y cargada de tensiones. Ilein y Susy tenían todo listo para partir: las maletas estaban cerradas, los boletos de avión esperaban en la cartera de Susy, y el traslado al aeropuerto estaba coordinado hasta el último detalle.
Antes de salir del apartamento Moretti, Ilein se detuvo frente al espejo una vez más. Su vientre apenas abultado era la única señal visible de lo que la esperaba en España, junto a Susy y los amigo