Mundo ficciónIniciar sesiónEl eco de la traición de Enzo rebotó en las paredes de mármol pulido del Banco de Ginebra, más letal que cualquier explosión. El aire acondicionado, gélido y aséptico, siseaba sobre ellos mientras el silencio se volvía insoportable. Luca no se movió; su mano, que solía ser de acero, tembló apenas un milímetro.
—¿Cuánto, Enzo? —







