El humo negro y denso que ascendía desde las entrañas del búnker alpino se mezclaba con la ventisca de los Alpes suizos, creando un sudario gris sobre la montaña. La fortaleza de titanio y hormigón que un día albergó el secreto más peligroso del siglo XXI se estaba convirtiendo en su propia pira funeraria.
En la sala de control de los niveles superiores, a solo unos pasos de las escaleras de emergencia que conducían a la superficie, el aire se había vuelto casi irrespirable. Las alarmas de cola