El zumbido sordo de los extractores de aire del búnker alpino sonaba como el conteo regresivo de un verdugo. En la pantalla principal del Centro de Datos, los dígitos rojos continuaban su descenso implacable: 00:42… 00:41… El gas sarín acechaba en los conductos de ventilación, listo para transformar el santuario de titanio en una fosa común.
Julian Jr. permanecía junto a la consola central, con una mano apoyada sobre la culata de su pistola enfundada y la otra extendida hacia Bella, exigiendo l