La semana continuó alimentando mi dualidad. En la oficina, los gestos de Spencer se volvieron confusos. Su frialdad profesional se rompía con esos destellos de vulnerabilidad que habíamos compartido, o con la media sonrisa que me dedicaba cuando nadie miraba. Un día, al pasar junto a mi escritorio, detuvo su mano justo antes de tocar mi cabello, un gesto de contención que gritaba posesión.
Por otro lado, Rogue también mostraba una extraña confusión. Después de un día de trabajo en el almacén, m