Había manejado crisis que habrían hecho colapsar gobiernos, pero nada me había preparado para el caos de mi propia boda. Estaba en la habitación principal de la mansión, frente al espejo, tratando de ignorar que mis manos estaban ligeramente tensas.
La puerta se abrió y dos figuras entraron, cambiando el aire de la habitación.
—Dom, tienes la corbata chueca. Otra vez.
Era **Nico**. Tenía siete años y vestía un esmoquin idéntico al mío, hecho a medida. Se acercó con una seriedad que a veces me a