El tercer día en Nueva York fue una prueba de resistencia. La falta de sueño, la presión de Spencer, y la adrenalina residual de los mensajes de Rogue me tenían al límite. Sentía que cada una de mis sonrisas era una mentira, y cada movimiento, un acto de contención.
Spencer parecía estar en un humor particularmente irritado. Durante la reunión final con los inversores, me utilizó como un arma silenciosa.
—Casey, ¿podrías pasarme el informe sobre la sensibilidad del mercado asiático? —dijo, la f