Manuel soltó una risa baja y negó con la cabeza, aceptando que no obtendría respuesta.
Luego abrió la carpeta otra vez y revisó los documentos con atención, verificando que todo estuviera en orden y que las acciones fueran realmente mías.
Yo guardé silencio mientras bebía mi té y lo observaba; al principio dudaba, pero al comprobar que todo era real, su desconfianza desapareció y fue reemplazada por una sonrisa satisfecha.
—Está bien —dijo finalmente, cerrando la carpeta—. Los documentos son au