—Y, por si fuera poco, mi queridísima madre terminó echándome a patadas de la parroquia como si fuera una vendedora ambulante, mientras todo ese montón de familiares y amigos aplaudía y celebraba feliz de la vida.
Leandro se quedó petrificado, con la boca tan abierta que casi se le caía la mandíbula y los lentes colgando de un dedo. Durante varios segundos intentó procesar el tamaño del chisme.
—A ver si lo entendí —murmuró—. ¿La víbora de tu hermana te robó al novio, utilizó tu dinero y encima