—¿Qué? Los dos son adultos. No me digas que el tema no se te ha cruzado por la cabeza ni una sola vez durante todo este tiempo.
Su cara de pánico lo confesó todo. Apartó la vista, rojo hasta la raíz del cabello.
—No tienes remedio de verdad; eres un peligro público.
—Solo digo que podrías invitarla a cenar, presumirle el Mercedes que acabo de regalarte y después pasar a estrenar el departamento. Dos pájaros de un tiro.
—¡Elara, cállate ya! —gritó con la cara ardiendo.
Volví a reír con ganas, pe