La felicidad que tanto esperaba por fin estaba frente a mí. Vestida de novia, sonreía ante el espejo y sentía que todo en mi vida finalmente encajaba.Me observé una y otra vez, incapaz de creer que aquel día había llegado, porque uniría mi vida con el hombre al que amaba desde los 15 años.Camila, mi hermana, había elegido mi vestido y aseguró que me quedaba perfecto. Incluso dijo que parecía una princesa, y yo le creí porque confiaba ciegamente en mi hermana.Mateo también tenía preparada una sorpresa para nuestra luna de miel. Desde niña soñaba con ver el amanecer desde la cima de una montaña, y él juró que me llevaría para cumplir ese deseo.—No te preocupes por nada, amor —me había dicho la noche anterior con dulzura—. Ya reservé todo y será perfecto.Eso era lo que más amaba de él, siempre prometía protegerme y cumplir mis sueños. Nos conocimos durante la adolescencia, cuando me defendía de los compañeros que me molestaban, y con los años ese vínculo se volvió inquebrantable.—M
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