Estefanía llevaba un buen rato mirando por la ventana, tal y como hacía su jefe en los momentos de ausencia. No importaba la amplitud del terreno al exterior; la pequeña habitación era su refugio, como debía serlo la oficina para Williams.
Si tan solo hubiera mantenido la boca cerrada, los recuerdos no estarían ahora atormentándola, cubriendo su cuerpo de vergüenza, reprobación y culpa. Quería irse lejos, donde nadie la conociera ni supiera lo que se escondía tras sus ojos.
Un golpe en la pu